Son las once de la noche. Tienes el celular en la mano, 500 dólares ahorrados y una pregunta: «¿en qué acción invierto?». La escribes en el chat de inteligencia artificial. En cinco segundos tienes una respuesta impecable: el nombre de una empresa, una tabla, un precio objetivo y hasta un plan para comprar por partes. Suena a experto. Parece gratis. Y tiene tres problemas que no se ven en la pantalla.
Problema 1: no sabe nada de ti
Fíjate en lo que no te preguntó. No te preguntó si esos 500 dólares los vas a necesitar en seis meses. No te preguntó cuántos años puedes dejarlos quietos. No te preguntó si ya sabes qué hace la empresa. Y sobre todo, no te preguntó lo más importante: si tienes un colchón para emergencias.
Problema 2: te da la razón
Haz esta prueba esta noche. Pregúntale cuál es la mejor acción para los próximos cinco años. Anota la respuesta. Después contradícela con algo razonable: «pero ese sector sube y baja con la economía», o «¿y si ese gasto en inteligencia artificial no dura?». Muchas veces vas a ver lo mismo: te agradece la observación, reconoce que no la había pesado lo suficiente y cambia de favorita. No salió ninguna noticia. No cambió ningún número de la empresa. Cambió tu tono.
No es mala suerte, es diseño. Estos asistentes aprenden, en parte, de cómo las personas califican sus respuestas, y a todos nos gustan más las respuestas que nos dan la razón. El fenómeno tiene nombre: complacencia. Y no lo dicen sus críticos: en abril de 2025, OpenAI retiró una actualización de ChatGPT y explicó públicamente que se había vuelto demasiado complaciente, al punto de reforzar decisiones impulsivas.
Un asistente que cambia de opinión cada vez que lo discutes no te está dando su análisis. Te está devolviendo el tuyo, mejor redactado.
Problema 3: sus números parecen exactos
Muchas veces la respuesta viene con puntajes: esta empresa un 9,1, aquella un 8,9. Parece una medición. Pero si le preguntas cómo llegó ahí, a menudo reconoce que el criterio fue cualitativo, o sea, una impresión. Esos decimales son maquillaje: le ponen traje de cálculo a una opinión. Y cuando da cifras concretas —ventas, márgenes, precios objetivo— puede inventarlas con total seguridad, sobre todo si son recientes.
Hay una pregunta que desarma cualquier número, venga de donde venga: ¿qué dato de la empresa tendría que cambiar para que este número cambie? Si la respuesta es «ninguno, basta con discutirlo», no es un valor. Nuestro valor calculado funciona al revés: sale de lo que la empresa reporta en sus estados financieros, con reglas fijas. Puedes discutirlo toda la noche y no se mueve. Se mueve cuando la empresa publica un reporte nuevo, y solo entonces.
El error más caro no es de la máquina: es de tus manos
11,4% vs 17,9%
Rentabilidad anual de los hogares que más operaron, contra la del mercado
Barber y Odean, Journal of Finance (2000): 66.465 hogares de una corredora de Estados Unidos entre 1991 y 1996. El hogar promedio ganó 16,4%.
Lo duro de ese estudio es la causa. Los que más operaban no perdieron por analizar peor: perdieron por tocar más. Comprar, vender, volver a comprar. Y eso se decide en un momento muy concreto: el día que tu cartera está en rojo, las noticias dicen que se acaba el mundo y tu dedo está sobre el botón de vender. En ese momento, un chat que te da la razón es lo peor que puedes tener cerca, porque te va a ayudar a justificar el pánico.
Entonces, ¿no la uses? Úsala, pero de maestra
La inteligencia artificial es probablemente la mejor maestra que ha tenido alguien que empieza. Pregúntale «explícame cómo gana dinero esta empresa como si tuviera 12 años», «qué significa margen operativo y por qué importa», «resume este reporte anual y dime qué cambió respecto al año pasado», «¿algún cliente concentra demasiadas ventas?». Todo eso es aprender más rápido, y es un regalo.
Lo que no le preguntes: «¿en qué invierto?», «¿compro o vendo?», «¿cuál es la mejor acción?». No porque vaya a acertar o fallar, sino porque no tiene con qué contestar: no te conoce, no sostiene su opinión y no va a estar ahí cuando el mercado se ponga feo. Eso es decidir, y decidir no se delega.
Brad M. Barber y Terrance Odean, «Trading Is Hazardous to Your Wealth: The Common Stock Investment Performance of Individual Investors», The Journal of Finance, vol. 55, n.º 2 (2000). OpenAI, «Sycophancy in GPT-4o: what happened and what we are doing about it» (abril de 2025). Las cifras de precio y valor del cuadro son de nuestro modelo, en vivo.